En ocasiones, topas con historias y personajes de los cuales siempre te apetece escribir u oír una de sus nuevas aventuras, Sergio de Arrola, sin duda, es uno de ellos.

Unos meses atrás os presentábamos su último viaje, nada mas y nada menos que cruzar África de Norte a Sur: 10 Países, más de 90 días de aventura y un buen montón de historias que contar.

Actualmente se encuentra editando el libro Rolling Habits: Africa y preparando algunas exposiciones sobre la experiencia en este magnífico continente que pronto se llevarán a cabo en Madrid y Barcelona.

No nos hemos querido perder la oportunidad de conocer todos los detalles de este alucinante viaje.

¿Porque has elegido África? ¿Cómo nace el proyecto?

Estaba buscando un nuevo destino para otro proyecto fotográfico en el que mezclar documental y ciclismo. El viaje de EE.UU. y su posterior edición de libro y exposición había ido de maravilla y quería repetir. Además, cuando haces algo de este tipo todo el mundo te pregunta que será lo próximo.

Tenía que dar una charla en Barcelona en las jornadas de Cyclo Cultura, en la Fábrica Moritz, y quería aprovechar para hacer un primer contacto con Dosnoventa. A ellos los conocía a través de mis amigos Hector, Sergi y Trilla que durante mucho tiempo les han hecho los videos. No sabía muy bien como plantearles el tema para que me dejaran una bici completa para mi próxima aventura, así que decidí ir pedaleando de Madrid a Barcelona para por lo menos demostrar que tenía cojones. Ciclista malo pero con cojones, supongo.

Así que me puse a pedalear con mi amigo Bob a ver si llegábamos a Barna. Y así fue, cuatro días después estábamos entrando a la ciudad por Sitges.

La charla la hice. Casi me da un amarillo horrible al empezar a hablar. Supongo que los 180km del día, la posición incómoda y la excitación de ver a tantos amigos y conocidos fue la mezcla letal. Alguna cerveza o alguna otra cosa más pudieron tener algo que ver también.

Al día siguiente quedé con Juan, Juanma, Dani y Uri en el Headquarters de Dosnoventa. Les empecé a marear diciendo que quería cruzar Europa y en un momento surgió la idea del Tour de África. Enseguida Juanma me dijo que ellos me hacían una bici completa si me cruzaba África. Y así surgió la idea. Sin más. Espontáneamente, entre amigos.

La idea me facinó. No conocía el continente casi nada, a excepción de Marruecos y me parecía una gran oportunidad para documentar a mi manera el recorrido.

Primera parte del viaje. Sabemos que tuviste algunos problemas de salud durante la aventura, cuéntanos un poco más acerca de ello.

La primera parte del viaje fue Egipto y Sudán. Todo iba perfecto hasta que cogí una neumonía que me mantuvo unas semanas ocupado. Me estaba aclimatando y cada vez me encontraba mejor encima de la bici, el desierto estaba siendo duro, llano y recto pero lo estaba aguantando bien. Un buen día llegando a Wadi Halfa me empezó a dar un pinchazo en el pecho. Hice el animal y estuve pedaleando 130km con un dolor insoportable. Cada 15 minutos me tenía que tirar al suelo en medio de la nada para retorcerme. Nunca he sufrido tanto encima de una bici. Esa noche fue horrible. Estuve sudando y delirando sin parar. Así que el resto de días en Sudán fueron en principio una incertidumbre y después una tortura. En un primer chequeo me dijeron que tenía malaria. Me lo dijo una señora con un burka negro después de auscultarme y creo que alucinar un poco con las mujeres desnudas tatuadas de mi costado.

Me hice una segunda prueba que dio negativo y se empezaron a confirmar las sospechas de una neumonía.

El sistema hospitalario en Sudán es desastroso. Es impresionante ver los pocos recursos y la falta de higiene en los hospitales en las zonas rurales. Así que estuve vagando por centros y farmacias los siguientes días. Me metí dos días en una habitación de hotel infernal a ver si se me calmaba el dolor, pero parecía que iba a peor.

Al día siguiente me trasladaron a la capital en una ambulancia. Se supone que iba a un hospital de calidad y con recursos de alto nivel. El cambio fue para mejor si, pero las condiciones seguían siendo terribles para un occidental blandito acostumbrado a la limpieza y al trato personalizado.

Nos podemos dar con un canto en los dientes por la suerte que tenemos de vivir en las condiciones que vivimos. Y, lo peor, es que casi todos nos quejamos continuamente.

La gran diferencia entre un hospital en Sudán y uno en España es que en el de allí nadie se queja. No se escucha ni un lamento ni en la UVI en la que estuve unas horas. Supongo que el estar allí en el hospital es ya una bendición para ellos. Los centros de salud son solo para unos pocos privilegiados, a los otros les toca sufrir en su casa, si la tienen.

Así que de Khartoum me mandaron a El Cairo de nuevo. Tenía que estar un par de días hasta que se normalizara mi estado para poder viajar. Los del seguro estaban siendo muy cautelosos pero yo lo único que quería era llegar a  mi casa. El cambio fue brutal. De las condiciones peores en las que había estado en toda mi vida a una de las mejores. En El Cairo me hospedé en un hotel de cinco estrellas al lado del aeropuerto que pagaba el seguro. Viniendo de donde venía el impacto fue increíble. Un contraste muy marcado entre la necesidad más extrema y la opulencia más ridícula.

Las siguientes dos semanas las pasé en Madrid. En un principio en mi casa y más adelante, al ver que no mejoraba, me ingresaron 10 días en el Hospital Ruber. Después de esos días, ya acompañado de mi familia y de mi querida Bárbara, todo empezó a evolucionar para mejor. Cada vez veía más cerca la posibilidad de volver a terminar lo que había dejado a medias.

Después del susto, de vuelta a la carretera… ¿Tuviste miedo de no poder acabar lo que empezaste?

Tengo la pena de haberme saltado Etiopía. Algún día volveré a pedalear la parte que me queda. Pero como no compito con nadie, no tengo que demostrar nada y como ya he dicho soy un ciclista del montón, me planté en Nairobi para hacer la parte que quedaba hasta Ciudad del Cabo.

Dudar de mí por supuesto. Todo el tiempo. Había perdido mucho peso y mi estado físico no era el mejor. Pero vamos, nada grave.

Así que le eché corazón y cojones y me decidí a terminar la ruta…

¿Cuál es la zona de África que más te ha impresionado durante tu viaje?

Para gustos los colores. Pero a mí me gusta el desierto. Pedalear solo por la nada es algo difícil de explicar. He pasado por diferentes desiertos en este viaje como los de Egipto, Sudán o Namibia. Pero nada como el de Namibia. Es solo comparable al desierto de Arizona de mi anterior viaje o a esas carreteras perdidas entre talleres abandonados de Meth al entrar a California.

¿Alguna anécdota que nos quieras contar?

Cuando casi me pego con un tipo que se hacía llamar Dj Peace  en Arusha  o cuando me metí en casa de Pauline  porque me moría de sed antes de llegar a Solitaire, en medio del desierto de Namibia. Qué bonito retrato quedó con el desierto de fondo y que agradable conversación.

De mi “amigo” DJ también guardo un retrato espectacular dentro de un coche mientras llovía. Al igual que en el de Pauline se respira paz y cercanía, en el del primero se respira todo lo contrario. Es maravillosa toda la información que puede transmitir una mirada en una fotografía.

Intenta describirnos diferentes aspectos de tu viaje con una sola frase:

  • Aventura:

Primero fotógrafo, después ciclista y por último aventurero.

  • Fotografía:

Gente, gente, gente y panorámicas impecables en el desierto.

  • Ciclismo:

El mundo es mucho más pequeño cuando uno se mueve a golpe de pedal.

Escoge una foto y coméntala para nuestros lectores.

Esta foto es previa a una de las mejores bajadas que recuerdo del viaje. Subir una loma de tierra y encontrarte con la inmensidad del desierto y muchos kilómetros de bajada. Colores amarillos muy intensos, mezclados con los ocres de la tierra y el azul del cielo. La bajada en la que me quedé seco y que me hizo acabar conociendo a Pauline y a su familia. Sería que llevaba la boca abierta alucinando con el paisaje.

Africa experience by Sergio de Arrola - Photo by: Sergio de Arrola

La única pega es que habían “asfaltado” con bloques absurdos toda la carretera, por lo que había que andar con ojo de no embalarse y no salirse en una curva.

En tus fotos siempre hay un buen número de retratos, ¿Qué te ha dado este viaje a nivel humano?

Todo. Es una maravilla viajar en bicicleta por el mundo. La capacidad comunicadora que puede tener un hierro con dos ruedas es fuera de lo normal.

La gente se te acerca y es fácil iniciar una conversación cargada de confianza con un extraño.

Gracias a…

Por supuesto a mi familia de Dosnoventa (Juanma, Juan, Dani, Uri y el gran Edgar), a mi familia por apoyarme siempre en mis locuras, a todos mis amigos por ser tan comprensivos y buena gente, a mi querida Bárbara que cada día la quiero más, a Rula y, por supuesto, a vosotros por confiar en mi desde el principio.

Author: Stefano
Photographer: Sergio de Arrola
Translater: Sandrine