No escapa a nadie que no estamos diseñados para poner nuestros traseros en un pequeño asiento de escaso acolchado,  colocar nuestras manos en unos mandos provistos de palancas, ni fijar nuestros pies a unas palancas giratorias durante largas jornadas ciclistas.

La biomecánica del ciclismo pretende hacer que montarnos en una máquina de dos ruedas sea lo menos traumático posible para nuestro cuerpo y/o optimizar la posición para maximizar el rendimiento sin renunciar a cierta comodidad.

Anteriormente esto estaba restringido al ciclismo de competición. La experiencia y ciertos estándares permitían ajustar las bicicletas de los corredores según las tendencias o estudios del momento. Hoy día esto se ha democratizado y está al alcance de cualquiera. Gracias al avance de la fisioterapia y al conocimiento adquirido, sabemos que ciertos comportamientos o posturas en la bicicleta aumentan el rendimiento y disminuyen la posibilidad de lesiones, y eso es algo que valoramos cada vez más los ciclistas.

Existen diversos métodos registrados, e infinidad de parámetros a medir en la biomecánica aplicada al ciclismo.

Algunos estudios básicos se basan en la altura del sillín, en base a la angulación de flexión de rodilla, posición correcta de nuestras calas y altura/avance del manillar. En otro plano nos encontramos con estudios mas avanzados, que permiten mirar nuestra pisada, movimiento de nuestras articulaciones (tobillo, rodilla, cadera) tomando como referencia laser o sensores de detección. El gesto del pedaleo con sensores en los pies, colocación de las manos y angulación de la espalda. Incluso se toman mediciones de la presión ejercida por nuestro cuerpo sobre el asiento para optimizarla en la medida de lo posible.

Debido a la demanda, han proliferado multitud de centros que ofrecen estos servicios que, apoyados por una formación adecuada y la tecnología necesaria, harán que mas de uno no reconozca su propia bicicleta cuando la vuelva a utilizar.

Author: Sergio
Photographer: Velodrom Studio
Translater: Sandrine