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IV Lands, gravel y bikepacking para todos

Entre el 7 y 9 de agosto tuvo lugar un evento bikepacking esporádico y diferente, el IV Lands. Pensando en el momento en el que poder salir, muchos de nosotros, durante el tiempo que hemos estado en casa, nos hemos puesto metas, preparado rutas y organizado algún viaje. Esta fue un poco la motivación de la salida circular de tres días que Ibai Fradejas, la cafetería Amatter y Gsport organizaron con la ayuda de Komoot.

Saliendo de Vitoria-Gasteiz, la idea era recorrer durante tres días alguna de las sendas de grava más bonitas de la zona pasando por cuatro provincias: Álava, Castilla León, La Rioja y Navarra, de ahí el nombre IV Lands (cuatro regiones). El espíritu del evento no era competitivo y se anunció en las redes como un encuentro para todos los niveles y sin coste alguno.

La idea era dar a conocer una región del norte de España, inexplorada por muchos, pasando por montes de bosques frondosos, valles con ríos, viñedos, llanuras de campos y picos con estaciones de esquí. El recorrido era apto para todos los niveles (290 km, +4.800 m), desde los bikepackers más aventureros hasta los que cogían una bicicleta gravel por primera vez para hacer un pequeño viaje.

Lo que parecía ser un grupo muy heterogéneo al principio, poco a poco, se fue unificando pese a sus diferencias. Así pues, se creó un ambiente muy acogedor y relajado, el lugar perfecto para encontrar personas afines con las que compartir las experiencias ya vividas y, quién sabe, crear nuevas en un futuro.

Día 1: Vitoria – Haro (60 km, +1.000 m)

Punto de encuentro y salida, el centro de Vitoria. Llegamos a la cafetería y ya vimos unas cuantas bicicletas apoyadas en la entrada. Mientras esperábamos, entramos y nos tomamos un cold brew con un banana bread para coger fuerzas. Poco a poco, el lugar se fue llenando hasta que estuvimos todos, unos 40 participantes provenientes de varias regiones de la península.

Después de la charla informativa enfilamos dirección al primer puerto. Unas nubes grandes, grises y aterradoras acabaron descargando encima nuestro antes de coronar el puerto y el ambiente bochornoso se volvió un poco más fresco, pero seguimos. Subimos por asfalto, pero al poco rato ya hicimos la primera toma de contacto con la deseada gravilla, ya empapada y un poco resbaladiza.

El paisaje cambiante nos acompañaba entre prados ocre y bosques verdes bajo nubes oscuras y el sonido de los truenos lejanos. El grupo se partió debido al terreno rompe-piernas pero nos reagrupamos todos en el pórtico de la iglesia en la plaza de Peñacerrada. Desde allí nos dirigimos al último puerto del día, el cual empezaba en asfalto y acababa en grava, con un descenso bastante roto. Debido a la lluvia decidimos replantear la ruta y hacerlo todo por asfalto. A media bajada hacia Haro nos desviamos y enlazamos con el track original para llegar al destino.

La lluvia esporádica no nos abandonó en toda la tarde. Los menos aventureros se dirigieron al hotel, donde podrían tomarse una ducha caliente y secarse bien. Un grupo más salvaje fuimos en busca de un techo donde resguardarnos. Al final, un frontón abrigado nos serviría. Se acababa la jornada y aparecieron rayos de sol en el horizonte. Todo eran risas y caras de felicidad, había sido un buen día para recordar.

Día 2: Haro – Navarrete (135 km, +2.200 m)

Amaneció un día nuevo, sería la etapa más dura por lo que a terreno y meteorología se refería. El grupo, partido al pasar la noche en distintos rincones de Haro, se reagrupó en las afueras, donde nos recibió con música el equipo de Amatter que nos seguiría durante la jornada. Todo pintaba bien y empezamos a pedalear en dirección al monte.

El recorrido aparentemente llano, ya que circulábamos por una Vía Verde entre por campos, nos dirigía hacía San Lorenzo (2.271 m) que se divisaba al fondo. Antes de empezar a subir y cargar bidones nos unimos de nuevo. Curvas de herradura entrelazadas con un pendiente medio del 10% fue nuestro camino hasta la cima del puerto Cruz de la Demanda, por suerte, asfaltado. El calor empezó a ser considerable y no había sombra donde esconderse.

Coronamos y, ¡sorpresa! Nos esperaba un avituallamiento descomunal con café, kombucha, agua, pasteles, frutos secos, plátanos e, incluso, gazpacho. Todo eso acompañado de música y caras de inverosimilitud de los participantes. Bajo un sol radiante, cresteamos toda la sierra por grava, rodeando las pistas de esquí de Valdezcaray, y descendimos pasando por un hayedo fresco hasta llegar de nuevo a la civilización, donde paramos a recuperar fuerzas.

El último tramo, de ‘terreno favorable’, nos hizo pasar por algún tramo del Camino de Santiago. El día había sido largo y llegar a Navarrete supo a gloria. Nos apoderamos de un bar donde las cervezas y raciones de patatas volaban. Al poco rato, unas nubes que estuvieron toda la tarde acechándonos descargaron encima nuestro, pero ya daba igual. Cenamos todos juntos en el hotel, el cansancio se notaba, pero el hambre y el recuerdo de lo vivido nos realzaba a todos. Al final del día el grupo se partió de nuevo. Unos se quedaban en el hotel y el resto en busca de un rincón donde echar el saco y, ¿porqué no?, otro frontón.

Día 3: Navarrete – Vitoria (95 km, +1.600 m)

Esa noche hubo ajetreo en Navarrete, y no todos pudimos descansar como nos hubiera gustado. Sin embargo, al toque de trompeta estábamos todos dispuestos a cubrir la última etapa. De nuevo un despertar nublado, pero se agradeció porque apaciguó el calor. Nos encontrábamos en la Rioja, de modo que el paisaje no podía ser otro que viñedos y bodegas. La ruta nos llevó por pistas rodeadas de campos que no alcanzaban a la vista.

En Laguardia, pueblo emblemático por su belleza y presencia en la región, paramos para subir hasta Lapoblación. Pasmados recorríamos ese paraje verde y seco, con montañas al fondo y rayos de sol filtrándose entre las nubes. Alguna que otra cuesta improcedente rompió el grupo, pero llegamos todos a tomarnos algo en la cota más alta del día. Desde allí era todo bajada hasta enlazar con una pista rápida.

Al llegar a Maeztu, después de apretar un poco en la bajada anterior y por la Vía Verde, parte del grupo se fue a disfrutar de una buena comida de restaurante y otros nos dirigimos hacía Vitoria. Sin embargo, aún teníamos que coronar un pequeño puerto que transcurría por una cantera y acababa en Vía Verde hasta la capital. Resumiendo, un buen fin de semana de gravel, ciclismo, aventura, y descubrimiento.

Ruta Komoot

A continuación, os dejamos la ruta en Komoot saliendo de Vitoria, pero realizable desde cualquier otro punto del track. Recordad rellenar a menudo los bidones de agua, ya que algún tramo puede ser un poco inhóspito, llevar herramientas para pinchazos, y algo de abrigo ya que subes hasta 2.000 m de altitud.