The Japanese Odyssey: Novedades y la experiencia de James Robertson

Una carrera no competitiva, simplemente compite contigo mismo. Sin podio o medallas, sólo el desafío físico y mental. Para todos los amantes de eventos ciclistas de ultra-distancia, The Japanese Odyssey (TJO, la Odisea Japonesa en español) se ha convertido en una fecha bien señalada del calendario. La TJO no es una carrera, es una exigente aventura de autosuficiencia por las tierras más remotas de Japón. No hay clasificaciones ni tiempos cronometrados, todos los ciclistas que acaben el recorrido pasando por los checkpoints y segmentos obligados en el tiempo establecido serán ganadores.

«The Japanese Odyssey trata sobre una idea, una idea firmemente arrelada a nuestra mente y corazón. Durante los últimos 6 años hemos dedicado todo nuestros esfuerzos en soñar un evento para explorar la naturaleza de Japón. Nuestra ambición es poner diferentes culturas de la mano para demostrar que cuando la gente explora el mundo nacen cosas positivas. El año pasado, 53 participantes de todo el mundo (10 de Japón) se inscribieron para descubrir el país. Siempre es fantástico ver cómo compartir una pasión con gente de todo el mundo que necesariamente no se entiende, crea lazos sin antecedentes. Japón es un lugar maravilloso para ir en bici. Sin embargo, siempre es difícil valorar el número de corredores que vendrán hasta Japón.» Emmanuel y Guillaume, organizadores de la TJO.

La TJO empezó en 2015 y, durante estas 5 ediciones consecutivas, ha tenido una evolución exponencial. La primera empezó sin patrocinadores o colaboradores y con una difusión y publicidad mínima. Solamente 4 pioneros contestaron a la llamada de los organizadores para cruzar Japón de norte a sur (de Sapporo a Kagoshima en aproximadamente 3.200 km y 25.000 m de ascenso). Durante estos años, cada edición de la TJO se ha inspirado en un tema distinto, como el Nihon Hyaku-meizan (un libro que enumera 100 montañas) o toda la red de carreteras secundarias inhóspitas en las que perderse. Con eso, la ruta cambia en cada edición, cosa que lo hace más atractivo para los participantes y motiva a repetir o apuntarse por primera vez al ya bien establecido evento de ultra-distancia a nivel internacional.

Edición TJO 2020

Este lunes (11 de mayo de 2020), los organizadores de la TJO anunciaron que, debido a las restricciones del COVID-19, el evento de este año se cancelaba. Aunque eso no fuera una gran sorpresa, si que fue una gran decepción ya que esta edición también prometía. Unas semanas antes del anuncio hablamos con los organizadores y ya mencionaron que se estaban planteando cancelarlo porque no podían garantizar la seguridad de los participantes y los habitantes de la zona.

El tema de esta edición estaba inspirado por el poeta japonés Bashō y la estrecha carretera al norte profundo. Los participantes habrían salido el 30 de setiembre desde Kagoshima, en el sur, hasta Hachinohe, en el norte. La ruta estaba pensada para un máximo de 11 días y contaba con varios segmentos obligatorios y un total de 15 checkpoints. Todo eso a lo largo de 2.400 km inmersos en el paisaje místico de Japón, sus densos y nublados bosques, pequeñas aldeas, estrechas carreteras, cuestas sin tregua, y verdadera soledad. Aunque el recorrido prometía paisajes cautivadores, con tramos como la región de los Alpes Japoneses, entre otras, los organizadores no consideraron posponer el evento ya que algunos de los puertos ya estarían cerrados a finales de octubre. Así pues, tendremos que esperar a la edición de 2021.

James Robertson y su experiencia en The Japanese Odyssey

Rememorar la edición de la TJO de 2018, por ejemplo, es algo que podemos hacer mientras esperamos a la de 2021; ese evento contó con un tema bien definido: las pequeñas carreteras de los bosques de Japón (rindō en Japonés). Los checkpoints (un total de 12) y segmentos obligatorios estaban pensados para forzar a los participantes a pasar por todos los rindō que pudieran (un viaje circular de 2.600 km y 32.000 m de ascenso desde Tokyo), para así disfrutar de los magníficos colores del otoño japonés, aún sufriendo subidas realmente duras.

James Robertson es un fotógrafo de renombre con base en Edimburgo que participó en esa edición como corredor, formando parte del proyecto de Apidura. Detour project. Tuvimos la oportunidad de preguntarle algunas preguntas sobre porque decidió vivir la experiencia y que aprendió de ella. Una aventura en la que no simplemente participó, sino que también documentó con exquisitas fotografías de la ruta.

Normalmente eres quien va en el coche tomando fotos en los eventos de ultra-distancia. ¿Cómo acabaste participando en TJO 2018?

«Creo que fue una necesidad fotográfica. Me he pasado los últimos años documentando ciclismo de ultra-distancia y, mientras capturaba imágenes, sentía que me faltaba algo.

Apidura lanzó Detour y lo descubrí mientras estaba cubriendo la Transcontinental Race. Estaban buscando a alguien para participar en la TJO y documentarlo a través de alguna forma de arte, ya fuera fotografía, pintura o poesía. Hacía tiempo que tenía la idea de participar y documentar un evento de ultra-distancia, pero tenía otras cosas entre manos, como fotografiar desde la comodidad de un coche! Tuve la posibilidad de tachar eso de mi lista de deseos, de modo que acabé comprando una cámara de medio formato japonesa por excelencia y documentando la experiencia con ella.»

¿Qué representó la ‘no carrera’ para ti?

«Creo que siempre será una experiencia única y una lección de vida, ¿eso tiene que ser por qué lo hacemos, no? Hubo muchos aspectos. Había escuchado, y pensaba que entendía, cómo los altos y bajos se exageran y cambian de un segundo a otro en este tipo de carrera, pero resulta que vivirlos es totalmente distinto.

También me impactó por cómo te fuerza a descubrir el país. Por un lado, sentí que me estaba perdiendo todas las experiencias turísticas, pero al mismo tiempo experimenté un Japón más auténtico. No usé la extensa red de máquinas expendedoras como un mero hecho turístico, pero como una necesidad. ¿Quién no necesita una botella de buen café caliente a las 4 de la mañana en el medio de la nada?»

¿Cómo describirías el viaje a través de Japón?

«No creo que Japón pretende ser el lugar ideal para bikepacking, pero lo es. El número de supermercados de 24h, las máquinas expendedoras en todas partes y, lo más importante, los retretes automatizados.

La primera cosa que tuve que hacer al llegar a Japón fue comprar la cámara que iba a usar. El país es el lugar donde comprar cámaras usadas de carrete, y tenía un modelo específico en mente que pensaba que sería fácil de encontrar. Solo cabe añadir que no lo fue. Acabé con menos de medio día y solamente había visto una en el escaparate de una tienda cerrada. Prové en todas las otras tiendas que pude (algunas de ellas están en el tercer piso de un edificio que no indica que tenga tiendas) antes de volver a que la tienda abriera. Sin tiempo de probarla, compré unos carretes y preparé la bici para empezar el viaje.»

¿Alguna anécdota que recuerdes de la ruta?

«Es complicado dar una simple anécdota. Toda la experiencia de estar en Japón es muy diferente y hace que el viaje entero sea una larga anécdota.

Un muy buen dia fue cuando me quedé sin batería en un pequeño pueblo en la ruta de peregrinaje de Kumano Kodo. No quedaba nada: GPS, luces, batería externa, teléfono. Aún tenía otros 100 km hasta la costa y no iba a haber ningún sitio en el que cargar los dispositivos hasta que llegara allí. Así pues, me paré en un albergue juvenil, ocupando todos los enchufes de la habitación, y hablé con una pareja belga que estaban ahí y conocían la Transcontinental Race. Me fuí a la 1 de la mañana y tuve un magnífico, sino un poco escalofriante, trayecto hasta la costa. ‘¿Hay osos en Japón?’ era mi solo pensamiento mientras escuchaba ruidos en el bosque. Justo al llegar a la costa me encontré con dos participantes más en un supermercado de 24h que habían parado por desayuno, de modo que me junté a ellos.

Acabé mi ruta en Kure y, aunque en un mundo ideal hubiera ido hasta Tokyo, eso me dio la oportunidad de visitar Hiroshima y la cúpula de la bomba atómica. No hay palabras para describir lo que sentí al estar sentado en el Parque Memorial de la Paz, pero realmente tomé la decisión correcta al cogerme un tiempo para visitar.»

Fotos de: Eigo Shimojo (The Japan Oddissey)  / James Robertson (Detour Project)