Click here to switch to English

Sepp Kuss: “Cuando atacas es una especie de juego”

Los ojos no solo miran. Dicen cosas. Hablan por sí solos. Nunca mienten. En tiempos de pandemia, con las mascarillas convertidas en un básico antes de salir de casa, la mirada ha ganado todavía más relevancia.

Los ojos de este joven americano de 26 años, no pueden ser más transparentes. Su pasión por las dos ruedas es equivalente a la que tiene por la vida. Sin dobleces, sin intenciones interesadas, Sepp Kuss se prepara para su cuarta temporada en el pelotón profesional.

Rodeado de los mejores del mundo, sigue con su proceso de aprendizaje sin olvidar que, hace apenas 3 años y medio, todavía corría como semiprofesional en su tierra natal.

Sus raíces ya hacían presagiar un idilio con el mundo del deporte. Hijo del seleccionador estadounidense de esquí olímpico, su madre fue quien realmente le introdujo en el mundo del ciclismo. Como buen graduado en publicidad, y parafraseando a David Ogilvy, sabe que “sin diversión no se puede producir buena publicidad”. Y eso, es lo que le mueve a diario. Un acto tan puro como una mirada. La diversión.

Vayamos al principio de todo, Sepp, ¿quién eres y de dónde vienes?

Soy un chico de Durango, Colorado, una zona donde se practican muchos deportes y yo no fui ajeno a ello. Crecí haciendo esquí en invierno, bicicleta de montaña en verano, así como kayak o escalada. Cuando tenía 17, el esquí era el deporte que practicaba principalmente y el ciclismo se limitaba a ser un deporte que realizaba fuera de temporada. El tiempo pasó y me di cuenta de que disfrutaba más sobre la bicicleta que sobre los esquís y es cuando decidí centrarme más en el ciclismo. Me focalicé más en el ciclismo de montaña, es cierto. Así fueron mis inicios.

¿Cuándo llegó el ciclismo de carretera entonces?

Siempre estuve interesado en el ciclismo de carretera, pero no había tenido la oportunidad de estar metido en un equipo y trabajar en ello de verdad. Una vez llegué a la universidad, en Boulder, todo cambió. Boulder es una ciudad donde el ciclismo de carretera es más popular que en mi Durango natal. Ahí estaba más expuesto al mundo de la carretera, así que lo probé en ese momento.

Paremos en tu época universitaria. ¿Qué estudiaste?

Me gradué en publicidad.

¿Cuántas lenguas hablas, por cierto?

Inglés, español, algo de alemán y obviamente algunas palabras en holandés.

¿Fue difícil compaginar tus estudios con el ciclismo?

En ese momento, ni imaginaba el hecho de llegar a ser profesional. Simplemente disfrutaba. Estar en la universidad fue una gran época, conocer a tanta gente, tan diferente… amaba el ciclismo, pero nunca me dije “no puedo ir a esta fiesta el fin de semana, porque tengo que entrenar”, no me importaba. Solo quería disfrutar de la vida y el ciclismo formaba parte de ello.

Entonces, ¿en qué momento te das cuenta de que el ciclismo podría convertirse en tu trabajo?

Cuando empecé en el equipo Rally Cycling. Había tenido algunos buenos resultados como amateur y me ficharon. Progresé muy rápido, sinceramente, y ahí pensé: “quizás tengo un talento que debo explotar”.

¿Tenías ídolos o referentes en ese momento en los que fijarte?

Mis referentes tenían que ver con el ciclismo de montaña. Disfrutaba del ciclismo de carretera, pero era difícil de creer. Eran otros tiempos, era difícil…

Quizás eso ha hecho que no le tengas miedo a nadie en el pelotón.

Seguro. Disfruté y disfruto al saber grandes historias del ciclismo, me gusta conocer las carreras, los puertos y tengo un gran respeto por los grandes ciclistas del pelotón, pero todos intentamos hacer nuestro trabajo lo mejor posible y al final del día, todos somos iguales. Todos somos humanos.

Vayamos tan solo tres años para atrás. Tour de California 2017. Ahí cambió algo para ti, ¿cierto?

Fue un momento muy especial. No sabía apenas como correr, como moverme en el pelotón, qué táctica seguir… Recuerdo que quedábamos 10 corredores, gente como Majka, Gesink, Bennett y me decía a mí mismo “¿qué estoy haciendo aquí?”. Tras ese día pensé “quizás debería seguir trabajando en esto, porque puedo estar con los mejores.”

Dices que no sabías cómo correr, cómo moverte, ¿cómo fue ese proceso de aprendizaje?

Simplemente aprendí de gente mejor que yo, pero tenía claro que debía preguntar. Preguntar sin miedo cómo hacer las cosas. Para gente con diez o doce años de experiencia, eran cosas obvias, pero no para mí. Cosas como bajar a buscar bidones al coche, como correr con abanicos, entre otras.

Y de repente, aparece el equipo Jumbo-Visma. ¿Cómo recuerdas aquel cambio?

Para ellos, el ciclismo es una religión. Lo puedes ver en la forma en la que corren, en cómo se mueven… es una forma de vida. Llegar a un equipo holandés es lo mejor que te puede pasar para aprender. Además, son gente muy fácil en el trato, muy honesta.

Saltemos a 2018, Tour of Utah. Ahí te conocimos todos, ¿esperabas ese rendimiento?

A ese nivel, no. Desde principio de temporada estaba sufriendo muchísimo en todas las carreras. Era mi primer año en el World Tour y noté muchísimo el cambio. Recuerdo que volví a casa y entrené muchísimo. Entrené muy duro. Sabía que el Tour of Utah era una carrera perfecta para mí, por la altitud, por ser una carrera menos nerviosa que en Europa. Tras la etapa que gané, sentí algo único, sentí muchísima confianza en mí mismo.

Y con aquella famosa celebración, que no se ve demasiado en ciclismo de carretera…

Sí, es una de las cosas que más me gustan del ciclismo. La interacción con el aficionado, pueden estar muy cerca del corredor. Mis mejores recuerdos, por ejemplo, son al correr en España. Ese ruido de los fans en los puertos es muy especial y piensas “esta gente ha venido a darnos su apoyo”.

Hablemos del oficio del escalador. ¿Es algo genético, has trabajado en ello?

Lo primero que debes hacer es disfrutarlo. Hay que encontrar el “flow” en cada puerto y mucha gente no lo consigue. Para mí, el hecho de llegar el primero arriba es lo que me mueve. Lo que me motiva.

Háblame del momento previo al ataque, de esos primeros metros atacando. ¿Se puede explicar con palabras?

Es difícil. Tienes que sentir el momento, es una especie de juego. Tienes que saber cuando es el momento correcto y eso es lo que diferencia al ganador del resto. Tener ese instinto para salir en el momento idóneo. El momento del ataque es una mezcla de adrenalina y una conversación contigo mismo. Hay un instante en el que si dudas, no abres el hueco. Te debes convencer de que no te pueden atrapar. Es una especie de diálogo contigo mismo de que si miras atrás y das el 80% no va a ser suficiente.

Vayamos al presente. ¿Sientes que es un año importante para ti? ¿Qué tienes en mente?

El punto de partida es ver como me desarrollo peleando por la clasificación general y a partir de ahí, si todo va bien, La Vuelta puede ser un buen objetivo. Lo que tengo claro es que no debo ir como único líder, ya que así tendremos más oportunidades.

¿En qué crees que debes mejorar para optar a una clasificación general?

Posiblemente la contrarreloj sea el ámbito en el que tengo más margen de mejora y donde más puedo trabajar. Si consigo ser menos vulnerable en ese aspecto, será un gran paso. Hay otros aspectos, como estar todos los días concentrado, correr bien situado, etc.

Si hablamos de optar a una general, hay muchos nombres con los que tendrás que pelear. ¿Cómo ves el ciclismo del futuro? Los Pogacar, Evenepoel, Van der Poel, Bernal, Van Aert…

Creo que el ciclismo ha cambiado y ahora hay ciclistas con 18 o 20 años que ya están a un nivel altísimo. Cada año que pase va a ser así. Lo que no sabemos es cuánto margen de mejora van a tener a partir de ahora, pero es cierto que ahora los corredores más jóvenes no tienen miedo a atacar.

Si le pegamos un vistazo al pasado 2020, seguramente haya sido el año más extraño para todos. ¿Cómo ha sido para ti?

Yo lo he llevado bien, sinceramente. Me centré en disfrutar sobre la bicicleta. Me encanta salir en bicicleta, así que hice eso. No podía pensar demasiado en las carreras, porque no estaba nada claro. Es cierto que las carreras luego han sido muy impredecibles, porque nadie sabía realmente cómo estaba físicamente.

Habrá sido difícil este año correr sin público…

Mucho. Lo cierto es que tiene dos puntos de vista. Por un lado, el hecho de correr sin ese ruido, sin gente corriendo por las carreteras te ayuda a concentrarte, pero le quita mucha emoción a la carrera y ese extra, ese subidón de adrenalina que te dan. Si lo pones en una balanza, prefiero que haya gente, claro.

Hablando de 2020, déjame preguntarte por la última cena en Francia tras lo sucedido con Primoz y Tadej. ¿Cómo la recuerdas?

Es interesante. Por un lado estábamos satisfechos porque lo habíamos dado todo, pero por otro lado fue duro. Todos nos imaginábamos otro tipo de cena. Es cierto que nadie dentro del equipo daba por hecho que estaba ganado, pero cuando todo ha ido tan bien, inevitablemente piensas en ello. Fue extraño, la verdad.

Si uno investiga en tu cuenta de Strava verá que intentas evitar las carreteras principales. ¿Es algo que planeas?

Sí, siempre que salgo a entrenar intento explorar nuevas zonas e intento visitar sitios en los que nunca he estado. Me gusta salir de mi zona de confort y buscar el lugar más lejano posible o el puerto más duro de la zona, por ejemplo. Eso hace que un entreno largo se pase más rápido y que si te pierdes, sea incluso divertido.

Si viniesen tus amigos de Durango, ¿qué zona de las que frecuentas les recomendarías para salir?

En Catalunya hay muchísimas zonas impresionantes, que apenas se conocen, que están prácticamente escondidas, pero quizás me quedo con el Berguedà. He entrenado mucho ahí y hay puertos preciosos y pueblos pequeños con mucho encanto.

Déjame preguntarte por tu nueva Cervélo. Las primeras impresiones, sensaciones…

En estas primeras semanas he notado su rigidez. Notas como toda la potencia que aplicas hace que la bicicleta corra. Pese a los frenos de disco, no ha perdido ligereza. Me encanta como baja, porque es muy estable, pero no por eso lenta. Me siento muy seguro bajando.

Tienes alguna manía, alguna personalización en la bicicleta… ¿algo especial?

Soy bastante normal, la verdad. Lo único especial es que voy regulando la altura del sillín a lo largo de la temporada, incluso durante una vuelta por etapas. Muchas veces noto que mi cuerpo y mis músculos van cambiando, tengo esa sensación, así que voy regulando la altura del sillín.

Leía en una entrevista un titular que decía “El ciclista que come hamburguesas”. ¿Es cierto?

Sí, pero como de todo. Eso sí, con moderación. Si fuese por mí, me tomaría una cerveza después de cada entrenamiento y un buen plato de carbohidratos. Durante las carreras, con los cocineros del equipo, sí cuido más lo que como, pero en casa no tengo nada prohibido.

La última: ¿Cómo te imaginas en 10 años?

(Piensa) Es muchísimo. Tendré 36 años, y tal y como me están yendo las cosas, espero seguir corriendo. Ojalá tenga la motivación para correr. Sin motivación este es un deporte muy duro. Lo que quiero poder mirar atrás y estar feliz con lo conseguido. Y no hablo de resultados, hablo de experiencias y vivencias. Quiero vivir la vida y disfrutar de este trabajo que es mi forma de vida.